Cuando una empresa en Colombia decide ascender a un empleado a una posición de liderazgo, enfrenta lo que se conoce como el riesgo moral. Este término se refiere a la posibilidad de que la decisión de promoción no sea la más acertada, y que la persona seleccionada no esté completamente capacitada para asumir las nuevas responsabilidades. Este fenómeno no solo afecta el rendimiento del equipo que será liderado, sino que también puede tener un impacto negativo en la vida personal y profesional del trabajador, al enfrentarlo a desafíos para los que quizás no esté preparado.
Es crucial que tanto la empresa como el empleado tengan una seguridad mutua al momento de tomar esta decisión. La empresa debe asegurarse de que la persona elegida sea la más adecuada para el puesto, mientras que el empleado debe ser honesto sobre su capacidad y disposición para asumir el nuevo rol. La comunicación abierta y sincera es fundamental para evitar malentendidos y asegurar que ambas partes estén alineadas en sus expectativas.
Miguel Alfonso Terlizzi, director general de HuCap, una empresa especializada en inteligencia de capital humano, señala que uno de los principales desafíos que enfrentan los nuevos jefes es la inseguridad y los temores inherentes a la asunción de nuevas responsabilidades. La gestión de recursos económicos, tecnológicos y humanos puede ser particularmente intimidante, siendo estos últimos los que más incomodidad generan debido a la falta de experiencia y formación previa.
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Un error común que cometen las empresas es promover a un empleado que ha demostrado un excelente desempeño en su posición actual, sin confirmar si realmente desea o está preparado para el ascenso. Esto está directamente relacionado con las expectativas que el ascenso genera tanto para la empresa como para el empleado. Un ejemplo típico es el de un vendedor estrella que es promovido a jefe de equipo. Aunque pueda parecer una decisión lógica, los resultados a menudo no son los esperados. La presión sobre el nuevo jefe puede ser abrumadora, y además, se corre el riesgo de perder a un vendedor excepcional.
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Es importante que las empresas no solo consideren las habilidades técnicas del empleado al decidir un ascenso, sino también su capacidad para liderar y motivar a un equipo. La promoción debe mediar entre los objetivos de la empresa y las aspiraciones del empleado, sin perder de vista el objetivo principal: cumplir con las metas, sacar lo mejor del equipo de trabajo y fomentar un ambiente laboral positivo y saludable.
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Finalmente, es esencial recordar que un buen ambiente laboral no solo mejora la productividad, sino que también contribuye al bienestar general de los empleados. Un líder efectivo debe ser capaz de inspirar confianza y motivación en su equipo, asegurando que todos trabajen hacia los mismos objetivos y se sientan valorados en su lugar de trabajo.
Fuente: Portafolio








